La violencia vuelve a golpear al Catatumbo, fuertes enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Farc se habrían registrado en la vía que comunica a Tibú con el corregimiento de La Gabarra, a la altura del kilómetro 19. Según reportes de las comunidades, el enfrentamiento habría dejado más de diez presuntos integrantes de grupos armados muertos.
Sin embargo, la cifra de víctimas aún está pendiente de verificación oficial. Las autoridades revisan las imágenes y los videos difundidos sobre lo ocurrido para establecer el número de fallecidos y las circunstancias de sus muertes. También existe preocupación por la posible presencia de menores de edad entre las víctimas, una situación que deberá ser esclarecida por las autoridades competentes.
Los enfrentamientos vuelven a poner en evidencia la gravedad de la confrontación armada en el Catatumbo, donde el ELN y las disidencias de las Farc mantienen una disputa por el control territorial, mientras la población civil permanece expuesta a sus consecuencias.
En las últimas semanas se han reportado ataques con drones cargados de explosivos en sectores como Versalles, Filo el Gringo y San Martín de Loba. A esto se suman situaciones de confinamiento en zonas rurales de Tibú, El Tarra y El Carmen, donde las restricciones a la movilidad y el temor por nuevos enfrentamientos afectan la vida cotidiana de las comunidades.
Más allá de las cifras de muertos y de las imágenes que circulan tras los enfrentamientos, la crisis tiene un rostro que no puede quedar en segundo plano: el de las familias campesinas que viven bajo la amenaza constante de los actores armados.
En estas comunidades, desplazarse por una carretera, llegar a una escuela, trabajar en el campo o acudir a un servicio de salud puede convertirse en una situación de riesgo cuando los combates, los explosivos y las restricciones a la movilidad hacen parte de la cotidianidad.
La posible presencia de menores de edad entre los fallecidos añade una preocupación que exige especial atención. No basta con establecer cuántas personas murieron; también es necesario esclarecer sus identidades, las circunstancias de los hechos y si entre las víctimas había niños, niñas o adolescentes.
Mientras avanza la verificación de lo ocurrido en el kilómetro 19, persisten los interrogantes sobre el alcance de esta nueva confrontación y las condiciones de seguridad de quienes habitan las zonas afectadas.
En el Catatumbo, la disputa entre grupos armados no se mide únicamente por el territorio que cada organización pretende controlar. También se mide por las vidas perdidas, las familias sometidas al miedo y las comunidades que siguen esperando condiciones reales para vivir sin quedar atrapadas en el fuego cruzado.

