En una nueva demostración de confrontación directa con el Congreso y los sectores de oposición, el presidente Gustavo Petro lanzó desde Barranquilla una advertencia que ha encendido el debate político nacional: si las reformas sociales de su Gobierno no son aprobadas, el país podría entrar en una huelga general indefinida.
Desde el Paseo Bolívar, ante una multitud de simpatizantes, Petro acusó a la “oligarquía” colombiana de negarse a dialogar con el Ejecutivo y de cerrarle el paso a su agenda reformista. En un tono cargado de tensión, afirmó que se alineará con el pueblo si se concreta un paro nacional impulsado por movimientos sociales y centrales obreras.
“Que si toca ir a una huelga indefinida, el Presidente no osará tocar al pueblo de Colombia jamás, sino que se pondrá a su lado”, declaró, en una afirmación que muchos interpretan como un intento de trasladar la presión política del Congreso a las calles.
Más allá del respaldo popular, el mensaje presidencial deja interrogantes sobre los límites entre la movilización ciudadana y la estabilidad institucional. Petro afirmó que, si su permanencia en el cargo se ve amenazada, “entonces estalla la revolución en Colombia”, un mensaje que genera inquietud sobre su disposición a aceptar los contrapesos democráticos.
“No vamos a arrodillarnos. No hemos pedido nada que no sea normal en el mundo. No nos obliguen a lo imposible, porque haremos lo imposible”, insistió.
Aunque aseguró que su llamado a la huelga no busca desórdenes ni ataques a la Fuerza Pública, el solo hecho de invocar una “revolución” en caso de una eventual destitución levanta alarmas sobre el tipo de gobernabilidad que propone, especialmente en un contexto de división creciente entre poderes.
En otro punto polémico de su intervención, Petro anunció que delegará su papel como dirigente popular y que será la Coordinadora Nacional Popular una plataforma de movimientos sociales la que asumirá la conducción de las acciones que “el pueblo debe tomar”. Esta decisión, que en apariencia busca empoderar a la base social, también plantea riesgos en términos de liderazgo y responsabilidad en eventuales hechos de desorden público.
“Ustedes deciden los momentos, los días, los tiempos”, dijo a la multitud, dejando en manos de actores sociales decisiones de alto impacto nacional.
El presidente aprovechó el escenario para atacar directamente a congresistas de la costa Caribe, a quienes tildó de “verdugos del pueblo”. Mencionó por nombre al presidente del Senado, Efraín Cepeda, lo que ha sido interpretado por algunos sectores como una personalización de la confrontación política y una estrategia de presión directa al legislativo.
Petro busca con estas acciones reactivar el respaldo ciudadano en medio del desgaste de su Gobierno, que enfrenta dificultades serias para sacar adelante sus reformas clave. Pero sus palabras, lejos de construir puentes, parecen seguir profundizando la polarización política y social en el país.

