La profunda crisis económica que atraviesa Argentina está generando cambios drásticos en los hábitos alimentarios de su población. Ante el elevado costo de la carne bovina, considerada históricamente un pilar de la dieta nacional, miles de familias han comenzado a buscar alternativas más económicas, entre ellas la carne de burro.
La medida tomó fuerza luego de que el gobierno del presidente Javier Milei autorizara su comercialización, lo que derivó en una rápida venta del producto en distintos puntos del país. Este hecho refleja el impacto del aumento sostenido en los precios de los alimentos, especialmente de la carne de res, que en algunos casos supera los 25.000 pesos por kilo, convirtiéndose en un lujo para muchos hogares.
De acuerdo con el diario Página/12, el alza ha sido tan acelerada que en un solo mes los precios de la carne aumentaron más de un 10%, obligando a los consumidores a modificar sus costumbres. Inicialmente, el cambio se orientó hacia opciones más accesibles como el pollo y el cerdo, pero el incremento en estos productos también ha reducido su disponibilidad como alternativa económica.
En este contexto, la carne de burro aparece como una opción más barata, con un precio cercano a los 7.500 pesos por kilo. Sin embargo, su consumo genera debate debido al arraigo cultural del consumo de carne bovina en el país, donde el asado es considerado una tradición.
La situación está ligada a un panorama económico más amplio. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la inflación alcanzó un 3,4% en marzo, superando el 2,9% registrado en febrero y acumulando un 32,6% en los últimos 12 meses.
Desde la llegada de Milei al poder en diciembre de 2023, el Gobierno ha impulsado reformas económicas que incluyen recortes del gasto público, paralización de obras y eliminación de subsidios en sectores como energía, transporte y servicios. Aunque estas medidas buscan estabilizar la economía, también han tenido un impacto directo en el costo de vida.
En las carnicerías, la realidad es evidente. Gonzalo Moreira, comerciante en Buenos Aires, aseguró que las ventas de carne bovina han caído cerca de un 20%, mientras los clientes optan por productos más económicos o recurren al crédito incluso para comprar alimentos.
Pese a la resistencia cultural, la necesidad está marcando el rumbo. En un país donde la carne de res es símbolo de identidad, la crisis no solo afecta la economía de los hogares, sino que también está transformando lo que llega a la mesa de millones de argentinos.

