Un revés judicial en Europa dejó en evidencia las limitaciones de expansión internacional de Frisby Colombia, luego de que la Audiencia Provincial de Alicante fallara a favor de Frisby España, permitiéndole abrir restaurantes en ciudades clave como Madrid, Barcelona, Sevilla y Málaga.
La decisión, que revocó las medidas cautelares vigentes desde noviembre de 2025, no solo habilita la operación de la marca en territorio español, sino que pone en entredicho la estrategia de la empresa colombiana, que durante años mantuvo un registro de marca en Europa sin presencia comercial real.
El argumento central del tribunal fue contundente: no puede hablarse de infracción de marca si quien reclama no tiene actividad efectiva en el mercado. Aunque Frisby Colombia registró su nombre ante la Unión Europea en 2005, nunca abrió un solo punto de venta en ese territorio. En otras palabras, defendía un espacio que nunca ocupó.
El fallo deja al descubierto una práctica común entre empresas que buscan “blindar” su marca en mercados internacionales sin desarrollar una estrategia concreta de expansión. En este caso, la justicia española fue clara en señalar que el derecho no puede proteger lo que en la práctica no existe.
Durante el proceso, la compañía colombiana intentó sostener que su marca era reconocida en España, especialmente entre la comunidad migrante. Sin embargo, los jueces consideraron que ese reconocimiento, aunque real, es insuficiente para otorgar estatus de “marca notoria” en un mercado amplio y competitivo.
El mensaje es claro: la nostalgia o el reconocimiento dentro de nichos específicos no reemplaza la presencia empresarial ni el posicionamiento real ante el consumidor general.
La derrota no solo es simbólica. Frisby España ya anunció que exigirá una indemnización cercana a los 700.000 euros por las pérdidas derivadas de la imposibilidad de operar durante varios meses. Una cifra que, más allá de lo económico, representa el costo de una apuesta legal que no logró sostenerse.
Además, según voceros de la empresa española, existieron intentos previos de negociación que fueron descartados por la compañía colombiana, lo que abre un nuevo flanco de cuestionamientos sobre la gestión del conflicto.
Pese a este fallo, el caso aún no está cerrado. La decisión final está en manos de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, donde se definirá si la marca colombiana mantiene o no sus derechos en el continente.
Mientras tanto, Frisby Colombia insiste en que este es solo un episodio dentro de un proceso más amplio. No obstante, el golpe reputacional ya está dado: el caso deja una lección incómoda sobre los riesgos de subestimar la importancia de la presencia real en mercados internacionales.
En un entorno global cada vez más competitivo, registrar una marca ya no es suficiente. La verdadera disputa se libra en las calles, en los consumidores y en la capacidad de las empresas para convertir su nombre en una experiencia tangible. Frisby, al parecer, llegó tarde a esa conversación en España.

