En Aracataca, el tiempo pareció detenerse tras una videollamada que hoy marca la memoria de una familia y de toda una comunidad. Urbano Junior Pertuz Martínez, con la serenidad de quien cumplía su deber, se despidió de su esposa minutos antes de abordar un avión Hércules C-130 en Puerto Leguízamo. “Amor, ya me voy a subir”, fueron las últimas palabras que ella escuchó.
Desde entonces, ese mensaje se convirtió en el único refugio de una familia golpeada por la incertidumbre. Las llamadas que no conectaron y la ausencia de respuestas tejieron un silencio profundo en el hogar de los Pertuz, donde cada rincón quedó marcado por la espera.
La historia de Urbano trascendió lo individual. No solo fue la de un hombre que cumplía con su deber, sino la de una familia enfrentando la angustia de no saber. Su despedida, sencilla y cargada de amor, se transformó en símbolo de fortaleza, recordando que detrás de cada uniforme hay una vida, una historia y seres queridos que esperan.
Mientras tanto, en Aracataca, la comunidad se unió en un mismo clamor: verdad y claridad sobre lo ocurrido. Entre el dolor y la esperanza, familiares, amigos y vecinos acompañaron a los Pertuz, aferrados a la posibilidad de volver a verlo.
Porque en medio del silencio, la voz de Urbano sigue viva en la memoria de quienes no pierden la fe de que regrese a casa.

