Polémica Nacional Lo que durante años algunos llamaron “trabajo sexual”, ahora la Corte Suprema de Justicia de Colombia lo define como explotación sexual. Y el debate apenas comienza.
En un histórico fallo relacionado con un caso de explotación de menores en Medellín, la Corte lanzó una frase que ya encendió las redes y los sectores políticos: “los clientes no son clientes”. Para el alto tribunal, el cuerpo humano no puede convertirse en mercancía ni venderse como si fuera un simple servicio comercial.
La decisión rompe con la línea que en años anteriores había sostenido la Corte Constitucional de Colombia, donde incluso se reconocían derechos laborales y garantías para personas dedicadas a la prostitución. Ahora, la nueva postura asegura que detrás de esta actividad existe violencia estructural, pobreza, desigualdad y vulneración de derechos humanos.
El fallo deja una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿el Estado estaba normalizando la explotación mientras hablaba de “trabajo digno”? Porque durante años el discurso oficial parecía debatirse entre proteger derechos laborales y aceptar una realidad marcada por abuso, trata de personas y necesidades económicas extremas.
Mientras sectores feministas celebran la decisión como un golpe contra la explotación sexual, otros advierten que negar la existencia del trabajo sexual podría terminar empujando aún más a la clandestinidad a miles de personas que hoy sobreviven de esa actividad.
La discusión está lejos de terminar. Y una vez más, Colombia queda dividida entre quienes ven la prostitución como una elección y quienes aseguran que, en un país atravesado por pobreza y violencia, hablar de “libre elección” es simplemente maquillarlo todo.

