El abandono de la perra ‘Lilo’ en unas escaleras de Bucaramanga, en un estado deplorable, no solo estremece por su crudeza, sino que también deja al descubierto una herida social profunda: la indiferencia. El conductor del taxi que protagonizó este acto deberá pagar una multa de 10 millones de pesos. ¿Pero realmente es suficiente una sanción económica para reparar un daño moral y físico de esta magnitud?
La ley 1774 de 2016 en Colombia tipifica los actos de crueldad animal, imponiendo multas de hasta 50 salarios mínimos a quienes incurran en maltrato que no cause la muerte. Sin embargo, el verdadero problema no está solo en el castigo, sino en la falta de conciencia colectiva sobre la responsabilidad que tenemos con los seres que no tienen voz.
Lilo fue abandonada como si fuera un objeto inservible. ¿Dónde queda el deber moral y ciudadano de brindar ayuda a un ser vivo que claramente necesita atención veterinaria? ¿Cuántas ‘Lilos’ más deben sufrir para que reaccionemos?
Este caso no debe quedarse en la indignación momentánea. Debe convertirse en un punto de inflexión. Si usted es testigo de un posible caso de abuso o maltrato animal, no lo ignore. Marque la línea 123 de la Policía. Actuar puede salvar una vida.
Y a quienes no están dispuestos a cuidar de un animal, que al menos tengan la decencia de ponerlo a disposición de las autoridades. No hay excusas para el maltrato.
Este no es solo un caso aislado, es un llamado urgente a crear conciencia. Los animales no necesitan caridad, necesitan respeto.

