La muerte de Sharlott Mosquera, una bebé de apenas 14 meses diagnosticada con enfermedad de Pompe, volvió a poner en el ojo del huracán el sistema de salud colombiano y las constantes denuncias por demoras en tratamientos vitales.
Según denunció su familia, la menor dejó de recibir procedimientos médicos fundamentales para sobrevivir luego de que la EPS Emssanar suspendiera autorizaciones clave desde julio de 2025. La niña necesitaba aplicaciones periódicas de enzimas y un proceso especial de desensibilización para evitar reacciones adversas al medicamento que requería.
De acuerdo con el relato de sus familiares, durante meses buscaron respuestas para garantizar la continuidad del tratamiento. La última aplicación de enzimas habría sido en noviembre de 2025 en el Club Noel. Después de eso, la salud de Sharlott comenzó a deteriorarse entre crisis médicas, hospitalizaciones y complicaciones cada vez más graves.
El caso ha generado conmoción e indignación en Cali y otras regiones del país, especialmente porque vuelve a evidenciar el drama que enfrentan cientos de familias con pacientes de enfermedades huérfanas: tratamientos costosos, trámites interminables y autorizaciones que muchas veces llegan demasiado tarde… o nunca llegan.
La Personería Distrital de Santiago de Cali rechazó públicamente la muerte de la menor y pidió investigar posibles fallas en la atención médica. Mientras tanto, en redes sociales crecen las críticas contra las EPS y un sistema de salud que, para muchos, sigue dejando a los pacientes más vulnerables atrapados entre papeles, demoras y burocracia.

