Cientos de civiles se han sumado en los últimos días a adiestramientos militares convocados por el gobierno venezolano en respuesta al aumento de la presencia naval de Estados Unidos en el Caribe, según registros de la Milicia Bolivariana y reportes locales.
El presidente Nicolás Maduro presentó las jornadas como una movilización preventiva ante lo que definió como una “amenaza” proveniente de Washington y apeló a la historia independentista: “Si intenta atacar a la patria, a toda la población, el pueblo va a defenderla, como la defendió (el héroe de la independencia, Simón) Bolívar”, dijo durante un acto en el que llamó a la población a integrarse al adiestramiento.
En las prácticas, muchos de los voluntarios manejaron armas tipo Kalashnikov y describieron la experiencia como un orgullo y una preparación para “tener que tomar las armas” si se considera necesario. Los reportes recogen testimonios en los que los participantes aseguran sentirse listos para enfrentar una invasión o amenaza exterior.
El mandatario también anunció medidas de despliegue militar: ordenó el envío de 25.000 efectivos de las Fuerzas Armadas a las fronteras y la activación de un plan de defensa nacional ante la escalada de tensión. Por su parte, publicaciones especializadas en temas militares estiman que la Milicia Bolivariana cuenta con alrededor de 212.000 efectivos, a los que se suman cerca de 123.000 soldados de las otras cuatro ramas de las Fuerzas Armadas.
En el cuartel 4F, el teniente e instructor Oviedo Godoy, identificado en las coberturas como experto en armamento y tácticas, aseguró que “cualquier persona está capacitada para utilizar un armamento, siempre y cuando tengan los conocimientos básicos” y añadió: “Si vienen los americanos, la gente va a estar lista. ¡Estamos listos! ¡Estamos entrenados!”. Estas declaraciones ilustran la retórica oficial que presenta el adiestramiento como una defensa popular ante una potencial agresión.
La reacción del gobierno venezolano ocurre en un contexto de operaciones militares y controles marítimos por parte de Washington en la región del Caribe, donde Estados Unidos ha incrementado patrullajes y, según comunicados recientes, ha realizado acciones contra embarcaciones que, según la Casa Blanca, estarían vinculadas al narcotráfico. El incremento de la presencia naval estadounidense ha sido citado por Caracas como motivo de alarma y justificante para las movilizaciones.
Analistas consultados por medios internacionales han señalado que la militarización de la respuesta puede intensificar tensiones regionales y provocar una escalada retórica entre Caracas y Washington, con riesgos para la seguridad marítima y diplomática en el Caribe. Mientras tanto, en los cuarteles y plazas donde se realizan los entrenamientos, la consigna es clara: preparar a civiles y milicianos para defender la soberanía que el gobierno considera amenazada.

