Por: Iván Gallo
Me gustaría saber qué dirían los noticieros y los políticos de derecha si Gustavo Petro llegara a darle las gabelas que le dio Gaviria a Pablo Escobar. A continuación les contaré uno de los episodios más vergonzosos que un presidente ha protagonizado.
Por intermedio del sacerdote Rafael García-Herreros, quien era considerado un santo y era famoso en todo el país por su intervención diaria en el microprograma El minuto de Dios, Pablo Escobar empezó a establecer un puente con el gobierno Gaviria. En ese momento el capo del cartel de Medellín estaba mermado tanto militar como financieramente. Su primo Gustado había sido asesinado y con él el dinero constante se le cortó abruptamente. Sus antiguos socios, como los hermanos Castaño o Don Berna, habían formado un grupo llamado los PEPES, Perseguidos por Pablo Escobar. Sus enemigos del Cartel de Cali cada vez lo cercaban más. Así que decidió activar un plan B que tenía desde hacía muchos años atrás: intentar llegar a un acuerdo con el gobierno de turno e irse a La Catedral, un terreno ubicado en La Ceja, escogido sistemáticamente para convertirse en un búnker inexpugnable para sus enemigos y que le brindara a Escobar además todas las comodidades del mejor de los resort.
La entrega venía acordándose desde noviembre de 1990 pero es difícil negociar con un tipo tan poderoso y con tantos cambios de humor como Escobar. Además necesitaba ganar tiempo para que se terminara de construir esas tres hectáreas que tendría su cárcel personal, compuesto por 1.800 metros cuadrados en donde Escobar se iría con sus sicarios de confianza.
El contrato que firmó Escobar con el gobierno Gaviria haría rodar actualmente la cabeza de cualquier presidente: “No tendrá acceso ninguna autoridad policial o militar a la parte interna del establecimiento carcelario”. La cárcel no estaba hecha para evitar que los presos se salieran, sino para que nadie entrara. Tenía un techo de acero para resistir un bombardeo. Eso le angustiaba mucho a Escobar, que sus enemigos decidieran atacarlo por el aire.
Las condiciones sólo estuvieron dadas después del 19 de junio cuando Horacio Serpa, Álvaro Gómez y Antonio Navarro Wolf firmaron la nueva constitución colombiana que prohibía la extradición de colombianos a los Estados Unidos. Unos días después se entregaría. Las autoridades carcelarias hicieron la inspección y, aparentemente, la cárcel parecía un establecimiento penitenciario normal. Al menos así lo mostraron los medios de comunicación.
Pero evitaron mostrar pequeños detalles. La habitación de Escobar tenía chimenea, tenía cinco cuadros de autores clásicos, velas para aromatizar el ambiente, camas de agua, que en ese momento era el último grito de la moda. Las celdas no tenían rejas y, en la noche, todo se transformaba en una inmensa discoteca, con prostitutas traídas desde Medellín, grupos de música y trago y droga sin límite. En la Catedral Pablo Escobar atendía a sus socios, también los mataba, extorsionaba, traficaba y rumbeaba. Así duró más de un año. Allí intentó incluso tener una vida normal con su familia. Pero, después de asesinar dentro de la cárcel a dos de sus socios de confianza, el negro Galeano y Kiko Moncada, el gobierno Gaviria decidió intervenir. Escobar y su círculo de confianza implementó otro plan que tenían montado: fugarse y así lo hicieron.
Con esto queda claro que Gaviria no está autorizado a hablar de negociaciones fallidas con grupos criminales

