Una nueva denuncia sobre el conflicto armado en Colombia vuelve a dejar en evidencia hasta dónde han llegado los grupos ilegales en su degradación de la guerra. Videos conocidos por inteligencia militar y revelados por Caracol Radio mostrarían a menores de edad ensamblando drones cargados con explosivos en zonas rurales del Cauca, una escena que mezcla tecnología, reclutamiento infantil y terrorismo.
En las imágenes se observa a un joven manipulando un dron tipo DJI Matrice mientras instala componentes junto a un objeto cilíndrico que presuntamente sería adaptado como carga explosiva. Minutos después, el aparato queda listo para operar sobre terreno abierto, en una práctica que las autoridades atribuyen a estructuras armadas ilegales que delinquen en el suroccidente del país.
El hecho no solo confirma la creciente utilización de drones como armas de ataque contra la fuerza pública, sino que deja una pregunta inquietante: ¿en qué momento la guerra en Colombia terminó convirtiendo a niños en técnicos de explosivos?
La situación resulta aún más alarmante porque estos drones comerciales, modificados artesanalmente, tendrían capacidad para transportar hasta cinco kilos de explosivos y recorrer varios kilómetros antes de impactar objetivos. Una modalidad difícil de detectar y cada vez más frecuente en zonas donde el Estado parece llegar tarde o simplemente no llegar.
El Cauca, atrapado entre disidencias, narcotráfico y abandono estatal, se ha convertido en el laboratorio perfecto para esta nueva forma de violencia. Mientras las comunidades sobreviven entre retenes ilegales, amenazas y combates, los grupos armados avanzan en sofisticación tecnológica utilizando herramientas que originalmente fueron diseñadas para fotografía aérea o trabajos civiles.
Pero más allá de la tecnología, el punto más grave sigue siendo el mismo de siempre: los menores de edad. El presunto uso de niños y adolescentes en estas operaciones podría constituir una grave violación al Derecho Internacional Humanitario y evidencia cómo el reclutamiento forzado continúa siendo una de las heridas más profundas del conflicto colombiano.
Paradójicamente, mientras el país discute discursos de paz en escenarios políticos, en las montañas del Cauca la guerra parece modernizarse. Ya no solo se dispara con fusiles; ahora también se programa, se ensambla y se vuela con drones manejados por manos que deberían estar en un colegio y no preparando artefactos explosivos.

