Colombia atraviesa uno de los inicios de año más violentos desde la firma del Acuerdo de Paz de 2016. Entre enero y abril de 2026 se han documentado 48 masacres que dejan al menos 229 personas asesinadas, el peor balance desde que el Estado y organizaciones sociales adoptaron el actual criterio de medición.
La escalada de violencia se extiende por distintas regiones del país, desde La Guajira hasta Nariño y Putumayo, reflejando un fenómeno que golpea tanto al Caribe como al suroccidente y la Amazonía. Este repunte revive episodios críticos del conflicto armado y ocurre en medio de un ambiente electoral cada vez más tenso.
Uno de los hechos más graves se registró recientemente en el departamento del Cauca, donde una bomba explotó en la vía Panamericana al paso de un bus intermunicipal, dejando 20 muertos y al menos 36 heridos. Este ataque es considerado la masacre de civiles más sangrienta en más de una década bajo los parámetros actuales.
El director de la Indepaz, Leonardo González, explicó que el aumento de la violencia está ligado a las dificultades de la política de paz total. Según el analista, la falta de avances en las negociaciones con grupos armados incrementa los ataques contra la población civil, utilizada como forma de presión contra el Estado.
El hecho en Cauca generó rechazo generalizado entre los candidatos presidenciales de cara a las elecciones del 31 de mayo. El presidente Gustavo Petro calificó el ataque como un acto de terrorismo y lo vinculó con intereses criminales, mientras que figuras como Paloma Valencia y Iván Cepeda expusieron posturas opuestas sobre las causas y soluciones a la crisis de seguridad.
Las cifras contrastan con años recientes. Para el mismo periodo, en 2025 se registraban 20 masacres con 61 víctimas, mientras que en 2024 iban 24 hechos y en 2023, 34. Incluso en 2022, año electoral, se reportaron 38 masacres con 122 víctimas, lo que evidencia un deterioro significativo en 2026.
La violencia también tiene su epicentro en regiones como el Catatumbo, donde enfrentamientos entre el ELN y disidencias de las antiguas FARC han dejado más de 80 muertos y cerca de 100.000 desplazados, en uno de los episodios de desplazamiento forzado más grandes de la historia reciente del país.
El panorama actual plantea serios desafíos para el Estado colombiano, que enfrenta el reto de contener la violencia en medio de tensiones políticas, disputas territoriales y el debilitamiento de los procesos de paz.

