Ni siquiera había sido inaugurado y ya terminó en el suelo. El colapso del Puente El Triunfo, ubicado en zona rural de Moniquirá, dejó al descubierto no solo una emergencia con varios obreros heridos, sino también serios interrogantes sobre una obra que estaba prácticamente lista.
La estructura metálica se desplomó mientras se adelantaban labores finales de instalación. El proyecto registraba un avance del 88 %, es decir, estaba a punto de entrar en funcionamiento. La inversión ascendía a 2.409 millones de pesos, recursos departamentales ejecutados por la Alcaldía municipal.
El puente tenía como objetivo mejorar la conectividad de varias veredas que durante años han enfrentado dificultades de movilidad. Sin embargo, lo que debía convertirse en símbolo de progreso terminó en una escena de angustia: vigas dobladas, concreto fracturado y trabajadores atrapados tras la caída de la estructura hacia el cauce del río.
De acuerdo con reportes preliminares, al menos seis personas resultaron heridas y fueron atendidas por organismos de socorro que acudieron al lugar tras el llamado de la comunidad. La obra aún no había sido entregada oficialmente, lo que incrementa el impacto técnico y político del hecho: una infraestructura multimillonaria, casi terminada, que no alcanzó a estrenarse.
Ahora, además del balance de lesionados, surge una pregunta inevitable: ¿qué falló en una obra que estaba tan cerca de concluir? Las autoridades anunciaron investigaciones para establecer responsabilidades y determinar si hubo errores estructurales, fallas en el montaje o problemas en la supervisión.
En Moniquirá, más que hablar de inauguraciones, la prioridad hoy es esclarecer qué ocurrió con una inversión pública que, antes de cortar la cinta, terminó desplomada.

