La vicepresidenta Francia Márquez reconoció en una entrevista que los últimos tres años en el Gobierno no han sido fáciles. Desde Cali, aseguró que su vida cambió de manera radical y que asumir la Vicepresidencia ha significado enfrentar críticas, tensiones internas y afectaciones a su familia.
“Vivía sabroso antes. Vine acá a sufrir, literal. Ha sido una paridera muy berraca”, afirmó Márquez, al hacer un balance de lo que ha sido su gestión, marcada por la controversia y el aprendizaje en medio del ejercicio del poder.
Uno de los episodios más comentados ha sido el uso de helicópteros para sus desplazamientos. Márquez admitió que antes de ocupar el cargo desconocía que el Estado contaba con este tipo de medios aéreos. Explicó que la decisión no fue suya, sino parte de un esquema de seguridad ordenado tras recibir amenazas y detectarse explosivos en la vía hacia su residencia en Suárez (Cauca).
La vicepresidenta señaló que, aunque comprendía la necesidad, la medida desató críticas y hasta burlas. “Me arman la narrativa de que ya me aburguesé porque ando en helicóptero. ¿Hasta canción hubo? Yo me la bailé”, comentó con humor.
Márquez reveló que las consecuencias de su cargo han sido dolorosas para sus seres queridos. Su madre le reprochó en una ocasión haberse involucrado en política porque “su vida se volvió un infierno”. Sus hijos, aseguró, sufren por los ataques en redes sociales y algunas de sus hermanas han tenido que ocultar el parentesco para evitar malos tratos en sus trabajos.
“Ha sido duro verlos sufrir por decisiones que yo tomé. Ellos no están muy contentos con todo esto”, reconoció.
La creación del Ministerio de la Igualdad, una de sus principales banderas, también estuvo llena de obstáculos. Márquez señaló que encontró trabas desde el propio Gobierno, especialmente con la entonces directora del Dapre, Laura Sarabia, a quien acusó de no respaldar el proceso. “Yo sentí que fue una traba, que me puso obstáculos, no tuve una aliada para avanzar”, dijo.
Además, mencionó la falta de apoyo del Ministerio de Hacienda, cuyo concepto de viabilidad fiscal fue cuestionado y derivó en la demanda que terminó frenando el proyecto en la Corte Constitucional. “Sin equipos, sin sede, sin presupuesto, yo no podía avanzar”, lamentó.
Aunque evitó hablar abiertamente de distanciamientos con el presidente Gustavo Petro, la vicepresidenta no ocultó su inconformidad con algunas de sus declaraciones recientes. “Para mí, que he vivido el racismo y sé lo que significa, fue doloroso escucharlo, habiéndolo acompañado a movilizar a la población afro”, manifestó.
Recordó además que fue el propio mandatario quien le pidió trasladarse en helicóptero al inicio de su mandato como medida obligatoria de seguridad.
A sus 43 años, con dos hijos y dos nietos, Márquez asegura que ya no es la misma mujer que llegó a la campaña presidencial con un tono desafiante. Hoy se describe más reflexiva, aunque aún dispuesta a enfrentar las controversias. “Ya sé cómo funciona el Estado, cómo se mueve la inversión, cómo actúa la oposición. Ha sido un aprendizaje importante”, sostuvo.
Finalmente, descartó cualquier aspiración de reelección y reiteró su compromiso con la Constitución. “Fuimos elegidos por cuatro años y nos toca cumplir”, subrayó.
Pese a las dificultades, Márquez concluyó con un mensaje de esperanza: “No pierdo la esperanza de que este país pueda vivir sabroso, en paz”.

