Colombia despierta otra vez con una cifra que duele. Ya son 19 las personas muertas tras el atentado con explosivos ocurrido en Cajibío, Cauca, en plena vía Panamericana, uno de los corredores más transitados del suroccidente del país. La confirmación fue entregada por Medicina Legal, mientras avanza el proceso de identificación de las víctimas en medio de una tragedia que sigue creciendo.
El ataque no hizo distinciones. Un artefacto explosivo impactó una buseta de transporte público, desatando una escena de destrucción total. Lo que debía ser un recorrido cotidiano terminó convertido en un punto de muerte, humo y desesperación. Pasajeros y transeúntes quedaron atrapados en medio de la violencia, evidenciando, una vez más, la vulnerabilidad de la población civil.
Equipos forenses trabajan contrarreloj para establecer identidades y causas de muerte. Sin embargo, las autoridades no descartan que la cifra pueda cambiar, mientras familias enteras enfrentan la angustia de confirmar si sus seres queridos están entre las víctimas.
Este atentado se suma a una seguidilla de ataques recientes en Cauca y Valle del Cauca, en una escalada violenta que el Gobierno atribuye a disidencias de las FARC. El patrón se repite: acciones armadas en zonas estratégicas que terminan golpeando directamente a quienes no tienen nada que ver con el conflicto.
Lo ocurrido en Cajibío no es solo una cifra más. Es la muestra de un conflicto que sigue fuera de control en varias regiones del país. Mientras los grupos armados se disputan territorio, los ciudadanos continúan pagando el precio más alto. Y queda otra vez la misma pregunta sin respuesta: ¿hasta cuándo transitar por una carretera en Colombia será un riesgo de muerte?

