Por: Iván Gallo
Todo es muy triste en el caso de Yuliana Samboní. Juvencio y Nelly, los papás de la niña, en noviembre del 2016, ya tenían todo listo para devolverse al Tambo, el lugar del Cauca en donde habían salido huyendo de la guerra cuatro años antes. Ahorraron lo suficiente como para regresar bien dignos a su parcela.
Pero, el 4 de diciembre de ese año, a las nueve de la mañana, a la vista de todo el barrio, Rafael Uribe Noguera se la llevó en una camioneta blanca. La niña apareció asesinada y abusada unas horas después. Nelly estaba embarazada de cuatro meses. Cuando le contaron los detalles del sufrimiento que padeció su hija a manos de Uribe Noguera, la señora gritaba «¡No quiero tener otro hijo señor!», mientras se agarraba la barriga. A intervalos se desmayaba.

Mientras los Uribe Noguera blindaban sus propiedades y movilizaban un ejército de abogados, los Samboní quedaron completamente abandonados. Regresaron a su tierra, sin su niña. El Estado en reparación les dio cinco gallinas, como si fuera un cuento de Rulfo. Los Uribe Noguera, mientras tanto, buscan hasta la manera de recuperar la camioneta donde Rafael se llevó a Yuliana. Qué gente más fea. Ellos nunca les dieron un peso a los Samboní.
Han pasado diez años. Los Uribe Noguera tenían razón, los colombianos olvidamos todo. Ayer me escribió una señora indignada diciéndome que yo estaba tan enfermo que me estaba inventado que el expresidente había abusando de una niña. Ella ya había olvidado a cuál Uribe me estaba refiriendo. Los Samboní viven en una vereda del municipio de Bolívar en el Cauca. Tienen dos hijos y viven con el miedo de que les pase algo. Si usted es abogado y sabe cómo se le puede ayudar a esta familia sería muy oportuno. No dejemos que este caso siga impune. No basta con que Rafael esté preso -por cierto, vienen rebajándole la pena- hay que reparar así la ley no obligue.

